Un breve episodio

Se giró al escuchar el grito. Las pelotas de goma caían como granizo. Luego el silencio. Ella sintió ruidos internos, crujidos en los oídos. «Eran roces en la membrana basilar» según comentaron después los facultativos. Cuando llegaron las ambulancias quiso preguntar. Ya no pudo. Más tarde los forenses dirán : «Recibió el impacto en el ojo, por un disparo hecho con “tiro tenso”».

—¿Qué hacías tú en esa refriega? —preguntará su marido el policía, sin importarle la presencia de la psicóloga experta en emergencias.

Sensación de vacío. Recuerda un verso sin sentido de su adolescencia: «Siento el dolor de la oscuridad». Es verano y hasta hoy todo ha sido maravilloso.

—Eres una puta —dirá su marido el policía y lo hará borboteando saliva para que solo se oiga el silencio.

Sientes gotas de lluvia en la cara. No sabes si puedes hablar. No sabes si es ahora ni si fue mañana.

Hasta el mediodía brilló el sol. Llegaron las nubes del oeste y ella subió a la moto de Rachid “el marroquí” pegándose a su espalda. Cayó la lluvia en grandes gotas perfumadas de almizcle. Volvió el sol con un calor tórrido que invitaba a buscar sombra. Antes de entrar en la chabola él acarició el depósito de gasolina y estampó un beso en la cruz del manillar de la moto.

—Es mi hembra preferida —dijo, frotando la entrepierna, sin mirar a la mujer.

En la calle sabes que hay gente alrededor porque presientes sus voces. El ruido ausente dejó paso a un zumbido como millones de avispas en formación de combate. El tiempo no pasa y te acompaña inmóvil. Las pelotas de goma siguen cayendo en cámara lenta.

Los peritos de la Policía dirán en su declaración ante el juez que las pelotas de goma a tiro tenso pueden alcanzar una velocidad de 700 kilómetros por hora. Tratarán de no declarar que el “escopetero”, en la jerga policial responsable del disparo, estaba a menos de cuarenta metros. Los médicos explicarán con detalle que «el proyectil rompió la órbita del ojo y, superada la zona, llegó al ojo e hizo lo mismo.»

En la primera cita con Rachid “el marroquí” ella puso el coche. Fueron hasta la “colina del cuervo” en las afueras de la ciudad. Allí él bajó la cremallera del pantalón y ella admiró y chupó hasta el cansancio. El hombre quedó servido y dijo que entraba temprano a trabajar. Ella dijo que en la próxima ocasión quedarían solo para follar.

Empiezas a tener miedo por el frío que no tienes y por el sudor que te falta. Sabes que no sirve de nada tu famosa capacidad de raciocinio. Estás comprobando que el tiempo no existe y que su ausencia ocupa todo lo demás.

Antes de la segunda cita con Rachid, ella le dijo que era profesora y trató de explicarle el valor de la ciencia . Le habló de Poincaré.

—La vida no es más que una pausa entre dos eternidades de muerte —dijo ella sonriendo, a la vez que le acariciaba por encima del pantalón.

—No entiendo nada. Estás pirada, pero me pones cachondo.

—En la próxima ocasión me tocará a mí —respondió ella, aumentado la presión de la mano.

—Iremos en moto —dijo él rotando la pelvis.

En el juicio intentarán demostrar que fue mínimo el tiempo transcurrido antes de ordenar el alto el fuego. Desde que el “escopetero” hizo el disparo hasta el impacto en el ojo de ella solo habrían podido transcurrir dos décimas de segundo dirán los expertos.

Rachid “el marroquí” volteó a la mujer sobre el camastro. Ella supo que no le negaría nada cuando él «le apartase las nalgas, y viese de lleno el trigo oscuro, el diminuto botón dorado que se apretaba». Un recuerdo al marido policía y un gemido para disimular la sonrisa cuando él entró a fondo. Fue rápido y con la intensidad suficiente para desbordar cualquier expectativa. Antes de quedarse dormido, “el marroquí” le habló de recibos de la Hacienda Pública y le mostró fotos de su madre en una aldea del Rif. Ella decidió que ya era la hora de marchar. Se bajó del Metro, cerca del ministerio.

Te levantan y alguien dice : «Vamos bien. Morfina». Sientes un pinchazo en el hombro. Giraste la cabeza al escuchar el grito de tu marido. Ya han pasado cinco segundos, solo una pausa, un breve episodio.

Este relato se comentó originalmente en el taller de Literautas -Escena 40

La imagen corresponde a una reproducción de “La persistencia de la memoria” de Salvador Dalí

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One comment on “Un breve episodio
  1. davidrubios dice:

    Buen relato, Don. Profundo, con aristas. Una mujer atrapada que encuentra cierto desahogo en Rachid. Y la mala suerte le hace estar en el peor momento y lugar. Creo que el daño en el ojo no es ni por asomo lo que más dolor le causa. Saludos!!

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