Doble juego

—Dicen que todos tenemos un doble en alguna parte —dijo.

—El tuyo se estará cagando en tus muertos —contesté.

—Cuidadín Donato, no te pases…

«No hubo más palabras, mi teniente. Sobre la zona cayó fuego de mortero concentrado. Solo pensé en cumplir la misión encomendada. Horas antes siguiendo sus órdenes yo estaba en el Hospital de Grado. Debía investigar a un militar sospechoso de espiar para el ejército rojo. A la puerta del hospital encontré a un cabo legionario. Me extrañó, pero me cuadré en primer tiempo de saludo».

—A sus órdenes mi cabo. Se presenta Donato Melero, soldado de la…—Me hizo bajar la mano y no pude seguir.

—Correcto Donato. Por el acento eres gallego ¿de dónde?

«Él era muy joven y rubito de ojos casi transparentes. De buena planta luciendo chulo el uniforme de legionario y los correajes brillantes. No me cuadraba en esta guerra y menos en el Tercio. Yo sabía la misión encomendada, mi teniente. Obedecer las órdenes de aquel elemento, sin olvidar que debería intervenir si llegara el caso. No me imaginaba  lo que podría hacer aquel mentecato ni cómo llegó a pasar lo que pasó».

—Nací en Viveiro, mi cabo, cerca del mar.

—Perfecto paisano. También soy “mariñeiro”. Vamos a llevarnos bien, respeto al mando, confianza y seguro que cuadramos la misión —dijo, ofreciéndome la mano sonriente—. Me llamo Moncho, soy de Melgares cerca de Finisterre. Y no te fíes de la cara de “cativo”. A los once años ya rascaba percebes de los acantilados en la “Costa da Morte”. Es difícil asustarme —Acabó con una carcajada.

—Tomo nota cabo Moncho —dije riéndome a medias para no desentonar.

—¿Qué conoces de esta misión?

— Solo sé que debo ponerme a tus órdenes para escoltar a alguien del hospital.

—Hoy es la fiesta de la Virgen patrona de la Sanidad Militar. Como es sabido en este ejército abundan los meapilas. Así que después de misa, el capitán médico director del hospital y su machaca, un pijo de cuidado, irán en compañía de dos enfermeras a celebrar la fiesta en un prado cerca del río. Con gramófono y todo, tócate los cojones. Pues tenemos que cuidar que no los molesten en sus retozos.

—La verdad es que no me veo como mamporrero —dije pegando una  patada a una piedra y escupiendo entre dientes.

—Tranquilo que tengo otros planes aprovechando que estaremos en tierra de nadie entre trincheras. Les explicaré que iremos por delante y que nos mantendremos fuera de su vista. Serán unos beatos, pero van a lo que van y como picha tiesa no cree en Dios, agradecerán la falta de testigos —dijo entre risotadas.

«Así fue mi teniente. Solucionado el tema de la escolta no pude impedir la marcha hacia las posiciones del enemigo. La tarde era tibia y había claridad de sobra. Llegamos cerca del puente de Peñaflor. El legionario dio un silbido y alguien gritó desde la otra parte pidiendo santo y seña.

miliciano_frente_asturias

El de Melgares contestó: «Muchachos, solo venimos dos. No está el día para pelea ¿nos concedemos una tregua?». Quedé mosqueado y expectante sin saber que hacer. Después de un momento desde el parapeto rojo gritaron «¡Vale, llevamos nosotros la baraja, dos a dos y sin marrullerías!».

—¿Sabes jugar a  “las siete y media”? —dijo enseñando el colmillo, los pulgares colgados del cinturón y la mano izquierda tocando la pistola— Es muy difícil ganar. Casi siempre sucede que o te pasas o no llegas. Y hablando de pasar alguien me dijo que hay un traidor entre nosotros. Supe que estaría hoy a la puerta del hospital. Y mira tú por donde que me encuentro con Donato, paisano y “mariñeiro”, ¡tiene cojones la cosa!…—Frunció los labios y soltó la hebilla de la funda del arma.

—Dicen que todos tenemos un doble en alguna parte.

—El tuyo se estará cagando en tus muertos.

—Cuidadín Donato, no te pases…

«Verá mi teniente, todo apuntaba a una confusión, pero la cosa no me estaba gustando así que también yo decidí sacar la pistola. Y entonces empezaron los morterazos. Hubo un impacto fuerte y Moncho fue alcanzado por la metralla de un disparo. Conseguí traerlo hasta nuestro hospital con la pierna destrozada. Me parece que es un buen soldado adicto a nuestra cruzada y no  sospechoso de traición. Si no ordena alguna cosa más pido permiso para retirarme, no sin antes solicitar la concesión de una medalla para el cabo Moncho “Melgares”».

(Este relato fue mejorado a partir de los comentarios  en el Taller de Literautas “Móntame una Escena”)

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Publicado en Relatos, Taller Literautas
One comment on “Doble juego
  1. David Rubio dice:

    Para eso sirve esa red, para que todos aprendamos de todos. Te agradezco la mención, pero el mérito de este estupendo relato es solo tuyo. Un abrazo.

    Me gusta

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