El mañana es infinito

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—Han asesinado al enlace «O Moucho». No vuelva la cabeza y siga escuchando a ese fantoche vestido de mariscal.

«Señoras y caballeros, distinguidos conciudadanos. Estamos de celebración. Durante todo este mes de Agosto de 1943, tendré el honor de ser el encargado de los mandos del “Elevador de Santa Justa ” también llamado “Ascensor do Carmo”. Este es el primer viaje que hacemos como  “Compahia da Carris de Lisboa” y no como una sociedad inglesa,…»

—Cuando el fulano abra la puerta de una puta vez, diríjase al fondo de la cabina siguiendo el banco de la izquierda cerca de la salida. Habrá un lugar para usted.

«Pueden ir entrando despacio, de uno en uno. Por razones de diseño en esta cabina de subida solo podrán entrar veintitrés personas como máximo. Adelante, disfruten del ambiente y aprecien los espejos, el impecable  revestimiento de madera y los accesorios de brillante latón. Pónganse cómodos en los bancos laterales. Por favor, el caballero con muletas  puede pasar en primer lugar…»

—Ya era hora. Joder con el tipo roncera y su discurso. Acérquese amigo y siéntese a mi lado. Con el muletaje monto aquí una barrera que te cagas y ya no hay quien se arrime.
—¿Quién es usted?
—Espere que saco del macuto algo que le interesa. Aquí está el puñetero diccionario Latín-Español. Tendrá que hojearlo.
—Falta una nota entre las páginas treinta y uno y treinta y dos.
—Juojuo…, si será cabrón. Entre caras de la misma hoja no cabe nada. Para meter algo entre dos páginas, la primera debe ser número par y la segunda impar. Muy hábil, sí señor. Yo tengo lo que «O Moucho» debería haber metido entre la página treinta y dos y la  treinta y tres del diccionario, que sí son hojas distintas. Aquí está, la mitad de una tarjeta que trae escrito «Hodie midi…». Con el trozo que falta y usted tiene, completamos el acertijo. ¿Comprobamos?
—Correcto. «Hodie mihi, cras tibi». Cuénteme ahora que está pasando.
—Joder que seriedad. ¿No tendrá estreñimiento? ¿Qué carallo significa el latinajo?
—«Hodie mihi, cras tibi» , hoy a mi, mañana a ti. Vamos al grano. ¿Quién es usted?
—Se lo digo con una adivinanza. Me falta una pierna y soy de Melgares, así que la respuesta es…¡tantatachán!
—¿El «Cojo Melgares»?
—El mismo que viste y calza un solo pie. Represento a la Federación de Guerrillas de Galicia y León
—No debería estar aquí entonces. ¿Qué sucedió?
—No hay cojones, ni haciéndole cosquillas se ríe usted. Hombre triste llevando sombrero panamá y gafas redondas oscuras, solo puede ser el «Profesor».
—Correcto. Apure la explicación. Son siete plantas y ya pasamos la tercera. ¿Cómo asesinaron al enlace?
—Asfixiado. Un tapón de champán encajado en la garganta y una braga de seda taponando la boca. Dicen que de esa manera se muere con el rabo tieso
—Tenemos que parar la operación.
—Calma amigo «Profesor»; a golpe de mar, pecho sereno dicen en mi tierra. En la mesita de la habitación estaba el diccionario en paquete original sin pinta de haberlo tocado nadie. Lo desenvolví yo y lo comprobé. El difunto estaba en pelota picada y un rótulo rojo escrito en la barriga «Por traición». Un lápiz de labios “Milady” señalaba a la chorra de «O Moucho». Así que me parece que los tiros apuntan a otro lado.
—¿Qué hago entonces con el pasaje para el barco de mañana?
—Rómpalo. Aunque parezca un asunto de jodienda no me fío de la Policía de Vigilância e Defesa do Estado. El piloto inglés ya no irá en barco. Consiga dos billetes para el Clipper de la Pan-American. Los necesito hoy de noche.

«En breve llegaremos al final del viaje en esta maravillosa obra de arte que es el ascensor de Santa Justa. Habremos salvado de una forma cómoda y agradable los cuarenta y cinco metros de desnivel desde la “Baixa Pombalina” hasta alcanzar la colina de Chagas una de las más bellas de Lisboa. Pueden acceder por la pasarela que une la torre del ascensor con la plaza. Quienes así lo prefieran pueden seguir disfrutando de esta maravilla…»

—Profesor, yo bajo en el ascensor. Usted seguirá la ruta andando por arriba. El inglés saldrá de Lisboa en el hidroavión, y no irá solo. Cenamos en «A tendinha», usted traerá los billetes. Yo invito al bacalhau al forno.
—Salud…
—Al fin sonríes, cojones. Salud y República.

 

(Este relato fue comentado en Literautas – Escena 33)
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Publicado en Relatos, Taller Literautas

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